La izquierda necesaria

Reflexiones frente al triunfo de las derechas en El Salvador


Soldier Throwing Flowers. Grafiti de Bansky realizado en el límite de las fronteras de Palestina e Israel

No. El FMLN no necesita que renuncie su dirección, ni que se renueven cuadros, ni que se adelanten internas. Necesita repensar horizontes, caminos y estrategias.

Pero no solo el FMLN. Es la izquierda toda la que necesita repensarse, replantearse y reconstruirse.

Porque la izquierda no es un partido político, la izquierda somos todas y todos, según, que buscamos un horizonte común, una utopía dirán a veces, por la construcción de otro mundo posible.

Una izquierda tan comprometida y coherente con las luchas populares, como la abuela que dedica la vida a sus nietos.

Una izquierda innovadora, irreverente, capaz de adaptarse a las circunstancias sin renunciar a sus principios, como niños inventando como seguir jugando en el pasaje. Sí, esos que tanto molestan a los adultos conservadores.

Una izquierda sin protagonismos, sin oportunismos, sin lujos. Una izquierda de la calle.

Una izquierda anticapitalista, antipatriarcal, ecologista y nutrida por la diversidad.

Una izquierda anticapitalista, pero con los pies en la tierra

Que sepa reconocer que, de momento, el sistema capitalista es una realidad y hay que hacerle una resistencia inteligente, arrancándole todas las concesiones que se puedan al capital.

Mejores condiciones laborales. Una verdadera reforma fiscal para financiar el desarrollo y corregir, un poquito, las enormes desigualdades. Un sistema financiero público fuerte que sea alternativa de financiamiento a las iniciativas económicas organizativas, colectivas y comunitarias. Un sistema de pensiones que asegure un retiro digno, como derecho fundamental y no fuente de rentabilidad privada. Asocios público-comunitarios para la ejecución de la inversión pública. Presupuestos públicos abiertos y participativos. Presencia pública estatal en sectores estratégicos que no pueden ser exclusividad del gran capital como agua, alimentación, comunicaciones, banca y sistema financiero, bienes comunes

Esas, como luchas mínimas, teniendo claridad que ninguna de ellas resolverá las condiciones que nos mantienen a las mayorías populares excluidas. Eso solo puede ir avanzando en la medida que construyamos otra economía, basada en la propiedad colectiva de las empresas, el trabajo organizado para la autogestión y la gestión democrática de los excedentes.

Ampliar la visión socioeconómica del mundo, mediante la integración todos los trabajos necesarios, remunerados o no, para la subsistencia, el bienestar y la reproducción social. Esto implica poner en el centro del análisis la vida, desplazando el análisis instrumental de costo-beneficio que coloca en el centro a los mercados, los beneficios y el crecimiento.

Una izquierda antipatriarcal, libertaria y sexuada

Una izquierda que reconozca la libertad de decisión sobre nuestros propios cuerpos, como la forma más básica de autogestión.

Una izquierda en la que luchemos, codo a codo, para replantearnos lo que significa “ser hombre” y “ser mujer”. Que busque, como derecho mínimo, el reconocimiento social y legal de la identidad que nos permita ser personas plenas.

Una izquierda incisiva para identificar y denunciar todas las violencias machistas, de donde provengan. Una izquierda conformada por mujeres diversas, fuertes y combativas para reivindicar sus espacios, sus discursos, sus derechos, su vida. Una izquierda conformada por hombres diversos, capaces de cuestionarse sus privilegios, en constante proceso de aprendizaje para ir abandonando toda práctica machista que pueda estar impregnada en nuestra cotidianidad.

Y, por su puesto, una izquierda con la consigna alta y clara que no se puede seguir revictimizando a las víctimas de la violencia patriarcal. Las niñas no son, ni deben ser, ni pueden ser madres. Que reconozca que la penalización del aborto es una de las más crudas formas de totalitarismo actual, que se ensaña con las mujeres más vulnerables y vulneradas.

Una izquierda que le cree y apoya a la víctima. Una izquierda que busca justicia para el victimario.

Una izquierda ecologista

Una izquierda con plena conciencia que los bienes naturales son un elemento fundamental para la vida y no son recursos para la explotación lucrativa y demente de la acumulación de capital.

Una izquierda que luche por la gestión democrática de los bienes naturales, sin participación de agentes del capital que contaminan no sólo los recursos, sino que también el corazón de los pueblos.

Una izquierda que asuma y acompañe la lucha de comunidades por los territorios, frente a las aspiraciones de transnacionales de colocarse, explotar los recursos, contaminar los bienes y expulsar a los pueblos.

Una izquierda nutrida por la diversidad cultural, étnica, de géneros, de pensamientos y prácticas

Una izquierda que aprenda de las comunidades campesinas que trabajan por avanzar hacia prácticas agroecológicas bajo el paradigma de la soberanía alimentaria. El proceso de compartir saberes de forma horizontal, compartir recursos tan simbólicamente cargados como las semillas originarias, compartir espacios de trabajo y lucha.

Una izquierda que promueva el reconocimiento de las prácticas y creencias de nuestros pueblos originarios, que permiten espacios para la descolonización del pensamiento y prácticas.

Una izquierda que construya cultura para la autonomía y protagonismo de los pueblos, que mueva hacia el respeto y valoración de las personas de la propia comunidad, fortalecimiento de la autonomía, conexión en red, intensificación del intercambio de saberes y oficios, liberación de sueños y energías creativas a través del arte o las ciencias.

Una izquierda que utilice el arte para expresar y comunicar. El arte rebelde que nos identifique como fuerza que viene caminando, que anuncia nuestra llegada y marque indiscutiblemente nuestra presencia.

Una izquierda abierta a la diversidad de pensamientos. Que promueva la formación, el debate, la crítica y la autocrítica fuerte, ácida, pero rigurosa. Una izquierda dialogante, pero con la suficiente claridad para no perder su definición anticapitalista, antipatriarcal, ecologista y diversa.

Una izquierda inteligente, que discuta, que organice, que convoque. Pero, sobre todo,

¡Una izquierda que actúe!

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