Economía Global 2020: Un enfoque desde la Economía Crítica

El 2020 se perfila como un año en el que coincidirán tensiones sociales que se vienen acumulando -relacionadas a las brechas de desigualdad y carencias de los Estados en sistemas de protección social- con una economía global que crece cada vez menos, sin recuperar los niveles anteriores a la Gran Recesión de 2009. Se acompaña también con una escalada de tensión entre Estados Unidos y Medio Oriente, que amenaza con un escenario aún más complejo.

En el decenio previo al 2009, la tasa de crecimiento promedio de la producción mundial

fue de 4.1% anual. En los diez años posteriores, el promedio de crecimiento ha sido de 3.7%, según datos del Banco Mundial, y las previsiones para 2020 rondan el 3.5%, que se mantiene entre 2020-2024.

Estas previsiones de crecimiento no son homogéneas. Por un lado, las economías avanzadas han entrado en un proceso de semi-estancamiento de largo plazo, con un crecimiento promedio del 1.6% para los próximos 5 años, mientras las economías emergentes tendrían un crecimiento promedio de 4.8% para el periodo.

Este comportamiento puede analizarse a partir de la década de 1970 -sociológicamente iniciada en el marco de 1968- se marca como un parteaguas en el que se hace cada vez más presente el cuestionamiento a las democracias liberales, en el que se agudizan demandas por cambios en las formas de participación y representación política, con movimientos como el de París o México. Pero también por cambios en los modos de intervención y arquitectura institucional del Estado, que se expresaba con el auge de los partidos comunistas y guerrillas revolucionarias latinoamericanas, por un lado, y con la reconfiguración del establishment político de los países del Norte Global.

Estas tensiones, al final de la década, dejaron el golpe de Estado contra Salvador Allende y la dictadura de Augusto Pinochet en Chile, la victoria electoral de Margaret Thatcher en Reino Unido y la de Ronald Reagan en Estados Unidos. Estas tres capturas de poder son la insignia de un cambio de paradigma hacia un Estado presente por sus ausencias, en el sentido que explica Santos (2010), con la agenda de impulsar la doctrina política neoliberal.

Roberts (2015) hace una estimación de la tasa de ganancia a lá Marx[1], para las economías del G20 desde 1950, usando datos de Penn World Tables. En la estimación de Roberts (2015) es claro el quiebre de la tasa de ganancia a partir de mediados de 1970, explicada por una crisis de sobreproducción, luego de la Etapa Dorada de postguerra. Esta estimación es coincidente con otras, realizadas por Duménil y Lévy (2011) o Kliman (2011).

El quiebre marcado de tendencia de la tasa de ganancia a lá Marx, a mediados de la década de 1970, es también coincidente con el panorama social y político convulso de esos años. Sin embargo, más allá de las consecuencias inmediatas de la crisis, tanto Roberts (2011), como otros autores Astarita (2009), Duméni y Lévy (2011) y Medialdea (2012) advierten que ese hito marcó el inicio de una gran crisis estructural del capitalismo.

La caída de la tasa de ganancia obligó a las empresas a buscar abaratar sus costos de producción. Esto lo hicieron a partir de buscar destinos de inversión para los procesos de producción donde las remuneraciones a la fuerza de trabajo sean una fracción de lo que pagaban en sus casas matrices. Así, se amplía y generaliza una etapa de transnacionalización de capital en la que, como explica Robinson (2011) los circuitos nacionales de acumulación articulados en un mercado mundial van transformándose hacia circuitos transnacionales de producción y acumulación, a través de la transnacionalización de mercados, sistemas financieros y procesos de producción. De modo que en esta etapa la economía mundial va transformándose en una economía globalizada.

Por un lado, Duménil y Lévy (2011) identifican este punto de quiebre en la tasa de ganancia como el punto de emergencia de un orden social en el que la fracción financiera de la clase capitalista y sus instituciones financieras retoman la conducción de la economía, en compromiso con los cuadros directivos, luego que en las décadas de postguerra el compromiso era entre los cuadros directivos y las clases populares bajo las políticas keynesianas y el New Deal.

“En términos de relaciones de clase, la configuración de poder en el compromiso de las décadas de postguerra puede ser interpretado como una alianza entre los cuadros directivos (managerial class) y las clases populares, bajo el liderazgo de la primera” (Duménil y Lévy, 2011: 17. Traducción propia).

Se configura así, una economía de circuitos de acumulación transnacionales, dirigida por los sectores financieros del capitalismo global. Estos circuitos globales de acumulación precisan de uniformizar las condiciones para la transnacionalización del capital. Bajo esta premisa se puede enmarcar el entramado jurídico de la Lex Mercatoria dictada desde organismos financieros y comerciales internacionales. En tanto el marco regulatorio tiene a la base la preparación de condiciones para la transnacionalización del capital, su fin es asegurar la rentabilidad. Así, se pueden comprender las políticas de liberalización, privatización y desregulación de mercados, propias de la doctrina neoliberal de manual, como parte de esta homogenización de condiciones.

Y es que los circuitos transnacionales de acumulación subordinan todas las expresiones productivas nacionales bajo las condiciones de esta fase de la acumulación. De esta manera, se vincula la agenda del desarrollo a la penetración y expansión de las empresas transnacionales para desarrollar economías de escala e integrar diferentes modos de producción en los circuitos globales de acumulación de capital, “significa unificar al mundo en un solo modo de producción y en un solo sistema global, y guiar la integración orgánica de diferentes países y regiones hacia una economía global” (Robinson, 2011: 10).

Es decir, que la etapa de transnacionalización de capital necesita de globalizar las condiciones de la inversión para los procesos de producción de las mercancías. Pero también, el lugar de realización de las mercancías se vuelve un mercado globalizado y, por tanto, requiere de uniformizar de igual forma los valores sobre los que se basan los criterios de decisión de consumo.

A medida los problemas para la acumulación del capital productivo se exacerbaban (tendencia decreciente de la tasa de ganancia), el capital financiero fue el destino de esa masa de plusvalor buscando ser reinvertida en activos que generaran interés.

Esta tendencia se marca en el gráfico 3, desde la década de 1970 las tasas de ganancia de Estados Unidos y Europa mantienen una tendencia decreciente, con ciertas variaciones de corto plazo que obedecen más a aumentos en la composición orgánica que a la tasa de explotación.

Mientras, la tasa de financiarización , en ambas regiones se incrementa durante el mismo periodo, que da cuenta del despliegue del sector financiero, así, el auge de la financiarización ha sido la salida de los capitales en busca de rentabilidad que encuentran problemas en la acumulación, con la caída de la tasa de ganancia.

De esta manera, el despliegue del sector financiero se presenta como un potenciador de la crisis, más que su causa. Esta expansión del sistema financiero, a partir de los problemas en la acumulación, posee la capacidad explicativa de las constantes crisis de origen financiero en México (1994), el sudeste asiático (1997), Rusia (1998), Brasil (1999), Argentina (2000), la burbuja punto com (2001) y la burbuja financiera vinculada a los mercados inmobiliarios (2007).

Esta dinámica en la que se destinan más capitales al sistema financiero y se buscan eludir los problemas de acumulación mediante el crédito y la constante generación de burbujas especulativas, ha expandido la deuda, tanto para hogares, empresas y gobiernos. Las economías capitalistas más desarrolladas  tienen niveles de endeudamiento público y privado que entre el 260% y 512% de su PIB, ante una economía mundial con problemas de sobreacumulación, que la única forma de mantenerse creciendo era a través del endeudamiento.

El panorama de la deuda debe ser vinculado con la emisión de valores financieros de Derivados, denominados así por tratarse de instrumentos derivados de la estructuración de paquetes de deuda. Para 2019, los bancos multinacionales poseen un stock de Derivados por US$544.4 billones de, respaldados con activos por US$9.7 billones, es decir que el capital ficticio creado, a partir de los instrumentos de Derivados, ascienden a 50.4 veces los activos que representan. Si se comparan estos valores con el PIB mundial del año 2018, de US$85.8 billones, se puede observar que estos holdings financieros han creado un capital ficticio equivalente a 6.3 veces la producción mundial anual.

Esto implica que la dinámica de expansión del sistema financiero como mecanismo para contrarrestar los problemas de acumulación se mantiene. Luego del estallido de la burbuja inmobiliaria, el vehículo para superarla ha sido la creación de una nueva burbuja, esta vez en el marco del incremento de las deudas soberanas de los países.

Es decir que la expansión atrófica del sistema financiero se ha trasladado a los Estados y, con ello, los ajustes ponen el énfasis en el control del déficit público, mediante sacrificios fiscales en materia de contribuciones y derechos sociales.

El reporte sobre distribución de la riqueza Credit Suisse Wealth Report muestra que el 8.6% de la población mundial más rica controla el 85.3% de la riqueza global. Apenas el 0.7% de la población tiene una riqueza mayor al millón de dólares y logra retener el 44% de la riqueza total.

Por otro lado, el 14.7% de la riqueza global se reparte entre el 91.43% de la población. Las personas con una riqueza valorada en menos de 10 mil dólares son el 69.8% de la población adulta mundial, esto es, cerca de 3,282 millones de personas.

El último informe de OXFAM que muestra como la riqueza de los 8 hombres más ricos del mundo es equivalente a la del 50% de la población mundial más pobre.

Estas desigualdades van creando espacios de inconformidad con el paradigma de la democracia occidental, que se han manifestado en expresiones más o menos organizadas. Desde algunas movilizaciones más espontáneas como el Occupy Wall Street en Estados Unidos, o las protestas contra la reforma de pensiones en Francia.

Pasando por experiencias como el movimiento Indignados 20-M en España que se convirtió en el partido Unidas Podemos que ha logrado crear un gobierno de coalición con el PSOE. También el movimiento de Our Democracy, con personajes como Bernie Sanders, Alexandra Ocasio-Cortez o Ilhian Omardentro del partido demócrata en Estados Unidos.

Sin embrago, también han tomado fuerza algunos movimientos a partir de discursos cargados de nacionalismos proteccionistas y utilizando mensajes aparentemente anti-establishment. el auge de las extremas derechas nacionalistas y proteccionistas como las que impulsaron el Brexit en el Reino Unido, Marine Le Pen en Francia, el partido VOX en España o Donald Trump en Estados Unidos

La etapa de transnacionalización de circuitos globales de acumulación configura, de este modo, un ideario colectivo construido a partir del lado existe de la línea abismal (Santos, 2010). En la medida que la tasa de ganancia no logra recuperarse, más agresiva y más violenta será la estrategia del capital para realizar las mercancías, y convertir en mercancía valores de uso, como los bienes comunes y la naturaleza.

De este modo, la idea de Fredric Jameson, que “hoy nos parece más fácil imaginar el deterioro profundo de la tierra y de la naturaleza que el colapso del capitalismo”, está en sintonía con la uniformización de condiciones para asegurar el capitalismo transnacional. La producción de la no existencia del otro lado de línea abismal, que ha silenciado otras visiones de mundo, ha llevado también al secuestro de la capacidad de darle imagen a una alternativa postcapitalista y, por tanto, al no vislumbrar condiciones materiales para la existencia de un mundo no capitalista, el imaginario colectivo se construye sobre la base de las imágenes mucho mejor definidas de lo que implica el colapso ambiental.

Frente a este panorama, la alternativa a este modo concreto de expresión del sistema capitalista, desde una dimensión social de las categorías, es un proceso en constante construcción, que pasa por la resistencia a esta uniformización y subordinación.

Resulta necesario entonces, hacer alusión de nuestro derecho al delirio e imaginemos otro mundo posible, como recuerda Eduardo Galeano. Un mundo más concreto que imaginario, con expresiones e iniciativas ya trabajando.

Las comunidades campesinas que trabajan por avanzar hacia prácticas agroecológicas bajo el paradigma de la soberanía alimentaria. El proceso de compartir saberes de forma horizontal, compartir recursos tan simbólicamente cargados como las semillas originarias, compartir espacios de trabajo y lucha, se vuelve una forma de resistencia a los mercados alimentarios globales controlados por los organismos genéticamente modificados y la variedad de agro tóxicos desarrollados y expandidos por Monsanto, Syngenta o DuPont.

El reconocimiento de las prácticas y creencias de nuestros pueblos originarios, con espacios como la Universidad Maya Kaqchikel o las Universidades Indígenas Interculturales que permiten espacios para la descolonización del pensamiento. La lucha por la tierra, como el pueblo Kaqchikel de Chuarrancho en Guatemala, que logró el reconocimiento legal de la Corte Suprema sobre la propiedad comunal de las tierras, frente a las aspiraciones de transnacionales de colocarse en los territorios.

Puntos de Cultura que permitan ir construyendo autonomía y protagonismo socio-cultural de los pueblos. Una Cultura Viva Comunitaria que mueva hacia el respeto y valoración de las personas de la propia comunidad, nuevas formas de alianza entre el Estado y la sociedad, fortalecimiento de la autonomía, conexión en red, intensificación del intercambio de saberes y oficios, liberación de sueños y energías creativas a través del arte o las ciencias.

Recolocar al sexo como una categoría política, más que otra mercancía para el consumo. Con ello cuestionar los esquemas patriarcales de sociedad y modelos de familia. Cuestionar los privilegios del ‘ser hombre’ y reivindicar el valor de ‘lo femenino’ desde la organización social misma y las relaciones de poder funcionales a los modelos de acumulación. Mover la concepción del amor, del cliché romántico hacia una decisión de aportar para superar los límites para la construcción de una realidad compartida.

Ampliar la visión socioeconómica del mundo, mediante la integración todos los trabajos necesarios, remunerados o no, para la subsistencia, el bienestar y la reproducción social. Esto implica poner en el centro del análisis la vida, desplazando el análisis instrumental de costo-beneficio que coloca en el centro a los mercados, los beneficios y el crecimiento. La construcción de lo comunitario se vuelve, entonces, la herramienta política de resistencia al capitalismo transnacional. La proyección utópica de la concreción de un orden económico social no capitalista constituiría su principal inspiración. La alegría rebelde de los pueblos en resistencia, su fuerza impulsora.

Bibliografía

  • Astarita, R. (2009). El capitalismo roto: anatomía de la crisis económica. Madrid: La linterna sorda.
  • Astarita, R. (2013a). Acerca de la crítica marxista del capitalismo. Obtenido de Rolando Astarita [Blog]: http://rolandoastarita.wordpress.com/2013/07/07/acerca-de-la-critica-marxista-del-capitalismo/
  • Astarita, R. (2013b). Capitalismo, movilizaciones, programa. Obtenido de Rolando Astarita [Blog]: http://rolandoastarita.wordpress.com/2013/06/30/capitalismo-movilizaciones-programa/
  • Duménil, G., & Lévy, D. (2011). The crisis of neoliberalism. Cambridge, Mass.: Harvard University Press.
  • Foster, J. B. (2010). The Financialization of Accumulation. Monthly Review, Vol. 62. Obtenido de http://monthlyreview.org/2010/10/01/the-financialization-of-accumulation
  • Kliman, A. (2011). The Failure of Capitalist Production: Underlying Causes of the Great Recession. Londres: Pluto Press.
  • Marx, K. (2001). Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política (1859). Marxists Internet Archive. Obtenido de http://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/criteconpol.htm
  • Medialdea, B., & Sanabria, A. (2013). La financiarización de la economía mundial: Hacia una caracterización. Revista de Economía Mundial, 195-227.
  • Roberts, M. (2015). Revisiting a world rate of profit. Paper for the Conference of the Association of Heterodox Economists.
  • Robinson, W. (2011). Conflictos transnacionales: Centroamérica, cambio social y globalización. San Salvador: UCA Editores.
  • Rubin, I. I. (1974). Ensayo sobre la teoría marxista del valor. México: Pasado y Presente.
  • Santos, B. d. (2010). Descolonizar el saber, reinventar el poder. Montevideo, Uruguay: Trilce.

[1] La tasa de ganancia a lá Marx calculada por Roberts se basa en la relación propuesta por Marx plusvalor/(capital fijo+capital variable) y utiliza como indicadores en categorías de cuentas nacionales la relación (PIB-Masa salarial)/(Stock neto de capital fijo+Masa salarial) utilizando para cada variable monetaria Precios de Paridad de Compra 2005.

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