Neoliberalismo y desigualdad: condición material para la continuidad del capitalismo

*Por: Armando Álvarez

Durante la década de los 70’s el capitalismo se encontraba en una profunda crisis a nivel global que se manifestó en un elevado desempleo, recesión económica, altos niveles de inflación, entre otros fenómenos (Duménil y Lévy, 2007). De manera general, Shaikh (2016), Duménil y Lévy (2011) coinciden en que la crisis se debió a un problema de rentabilidad en las economías capitalistas que se materializó en una disminución de la tasa de ganancia y que provocó bajos niveles de inversión. En el gráfico 1 se observa la tendencia de la tasa de ganancia de Estados Unidos.

Es en este contexto que surgen las propuestas neoliberales que revistieron de solución a los problemas económicos, pero que en realidad implicaron una serie de medidas para superar la tendencia decreciente de la tasa de ganancia y, por tanto, posibilitaron la continuidad del sistema capitalista[1]. Como señala Duménil y Lévy (2011, p. 19): “las transformaciones económicas y sociales de las últimas décadas [las neoliberales] no fueron motivadas y dirigidas por los intereses de las grandes masas sino por los de minorías privilegiadas que, en efecto, mejoraron su situación”.

Estas medidas implicaron privatizaciones de las empresas públicas, desregulaciones en los distintos mercados, apertura comercial y reducción al mínimo del papel del Estado en la economía[2] (Screpanti y Zamangi, 2005; Cardemil, Di Tata y Frantisheck, 2000).

La apertura comercial a través de reducciones arancelarias generalizadas, la firma de tratados de libre comercio, así como la búsqueda de la atracción por la inversión extranjera directa; fortaleció el proceso de competencia entre la clase trabajadora de los diferentes países, dificultando los incrementos de la remuneración laboral pues las empresas podrían desplazarse hacia los países con los menores niveles salariales (Duménil y Lévy, 2011). Lo anterior posibilitó que a nivel global y en distintas ramas de la economía, el ritmo de crecimiento de los salarios reales en relación a la productividad se ralentizará (Shaikh, 2016; Departamento de Economía UCA, 2016, 2017a).

Además, los Estados –especialmente de los países periféricos- también empezaron un proceso de competencia entre sí a través de la privatización de las empresas públicas  (Harvey, 2007; World Inequality Lab, 2018) e incrementos en la regresividad del sistema tributarios[3], generando nuevos espacios de acumulación y reduciendo obstáculos a la rentabilidad.

Es de esta manera que se explica la recuperación de la tasa de ganancia que se observa en el gráfico 1 a partir de 1982. A su vez, esto explica los incrementos de la desigualdad de ingresos y de riqueza señalados por Piketty (2014) y por World Inequality Lab (2018). En el gráfico 2 se observa para Estados Unidos como el 10% más rico de la población incrementó a partir de 1980 su participación en el ingreso total, este incremento se debió principalmente a la mayor proporción que el 1% más rico de la población estadounidense se apropió.

Previo al neoliberalismo, el 1% se apropió en promedio del 10.2% del total del ingreso, durante el neoliberalismo el promedio incrementó a 17.0%, llegando a representar 22.0% para el año 2015 (último año que aparece en el gráfico). Además, lo anterior implicó que a partir del 2014, el 10% más rico de Estados Unidos tenía un ingreso equivalente a todo el ingreso del 90% restante de la población. Esta tendencia se dio de manera similar en la mayoría de países pertenecientes a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Stockhammer, 2013).

A nivel global, World Inequality Lab (2018) afirma que mientras el 50% de la población de menor ingreso se apropió del 13% del crecimiento total de la economía entre 1980 y 2016, el 1% más rico de la población se apropió del 27%. 

De acuerdo con Pérez (2014), a nivel ideológico jugó un rol fundamental la despolitización de la desigualdad a través de la “invención de la pobreza”, la política pública se supeditó a garantizar que las personas tuvieran un mínimo de ingreso que les permitiera cubrir cierta canasta básica alimentaria establecida con cierto grado de subjetividad. El debate dejó de centrarse en las contradicciones del capital-trabajo y pasó a centrarse en lograr un mínimo que garantice la supervivencia.

Al respecto, Pinkovskiy y Sala-i-Martin (2009) afirman que entre 1970 y 2006 la pobreza medida por la línea de un dólar por día se redujo en 80%.  En efecto, World Inequality Lab (2018: 7-9) señala que desde 1980 hasta el 2016 el 50% de la población mundial de menor ingreso presentó un incremento en su ingreso, especialmente por las elevadas tasas de crecimiento de China e India.

Sin embargo, la reducción de la pobreza durante ese período fue una externalidad de la búsqueda del capital por las mayores tasas de ganancias, nunca fue un objetivo por sí mismo. Al no ser una prioridad económica, la reducción de la pobreza puede darse o no, tampoco le interesa al neoliberalismo la forma en que se da esa reducción de pobreza. En El Salvador, por ejemplo, la reducción de la pobreza depende en gran medida del envío de remesas de salvadoreños en Estados Unidos, de acuerdo al Departamento de Economía (2017b) la gran mayoría de hogares receptores de remesas Por otro lado, la reducción de la pobreza de esta manera implica un constante crecimiento económico que entra en riña con las capacidades materiales del planeta para los recursos naturales necesarios.

Adicionalmente, las medidas adoptadas para incrementar la tasa de ganancia -el congelamiento de salarios reales en relación a la productividad, la desregulación del mercado financiero y la política monetaria para reducir la tasa de interés- generaron las condiciones que explican la crisis financiera del siglo pasado. El incremento de la producción por trabajador exigía un mayor nivel de demanda, con los salarios congelados, fue el endeudamiento de los hogares lo que permitió que se mantuviera cierto nivel de demanda, sin embargo, esto mismo provocó la burbuja financiera y las implicaciones que esto tuvo sobre el nivel de empleo y de producción a nivel global (Shaikh, 2016). Blyth (2013) afirma que la salida de esta última crisis implicó el creciente endeudamiento de los diferentes Estados a nivel global, desde la lectura de este artículo, esto posibilitó mantener lo más estable posible la tasa de ganancia de los grandes capitales, sin embargo, también ha implicado las medidas de austeridad que buscan evitar el crecimiento descontrolado de la deuda pública (Departamento de Economía, 2017b).

En suma, las medidas neoliberales no fueron necesarias para salvar a la economía en general, fueron necesarias para la continuidad del capitalismo. Lo anterior ha implicado un incremento acelerado de la desigualdad e implicó la generación de las condiciones materiales de la última crisis económica. La salida del modelo neoliberal (no del capitalismo) implica decisiones de política económica que no tengan como principal objetivo el incremento de la tasa de ganancia, por ejemplo medidas encaminadas a la reducción de la desigualdad, la defensa del medio ambiente, el apoyo de iniciativas productivas alternativas, entre otras.

Referencias


[1] Como se verá, varias de estas medidas coinciden con los planteamientos de Marx (2016) para contrarrestar la tendencia decreciente de la tasa de ganancia. Entre ellas destacan la reducción o congelamiento del salario real en relación a la productividad (en palabras de Marx, aumento del grado de explotación y reducción del salario por debajo de su valor) y el incremento de la competencia entre la clase trabajadora y reducción de costos de materia prima a través de la apertura comercial (incremento de la superpoblación relativa y comercio exterior).

[2] La reducción del Estado no necesariamente implica una modificación cuantitativa, sino cualitativa en cuanto a su papel. Las propuestas neoliberales reducen el protagonismo del Estado en la economía y le asignan un rol subsidiario (Álvarez, Arévalo, Argueta y Vides, 2017).

[3] De acuerdo con la Comisión Económica para América Latina (2018a, p.55): “la tributación en América Latina tiene efectos regresivos o apenas progresivos, debido precisamente a la predominancia de la imposición indirecta sobre la directa”. Además, la CEPAL (2018b, p.160) en relación a los incentivos fiscales en Centroamérica afirma: “es difícil para los Gobiernos de los países de Centroamérica y la República Dominicana reducir el nivel de incentivos fiscales a las empresas exportadoras, más aún cuando a menudo estos Gobiernos compiten entre sí por los mismos proyectos de inversión”.

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